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“(…) Y entre estos rostros, estas historias de vida, una especialmente quedó grabada en mí: se trataba de una mujer con problemas de alcohol, ella pasaba todo el día sedada y no podía participar en mis talleres grupales, a partir de ahí surgen algunos cuestionamientos, si estoy trabajando para que la persona pueda liberarse de una dependencia, pueda llevar una vida más libre y plena, ¿cómo es posible que el tratamiento de esta mujer consista en sedarla completamente? Este fue mi primer contacto clínico con las benzodiacepinas. Karen las había consumido durante más de 20 años, las conseguía de forma ilegal de una farmacia privada y las tomaba en altas dosis varias veces al día. Karen era la imagen de cómo alguien podía borrarse literalmente para ser funcional, porque ella trabajaba y cumplía con todos los roles asignados cómo mujer, en la casa y en la crianza de los niños, pero interiormente estaba vacía, muerta…”
Dr. Víctor Rodríguez, “La Adicción Invisible a las Benzodiacepinas”


"El hombre adicto a drogas ilegales transgrede la ley externa, cultural, siendo un peligro para el orden establecido. A diferencia de esto, la mujer adicta a psicofármacos es una transgresora de la Ley Interna, de La Voz Interna. En nombre del Amor y el cumplimiento del deber, transgrede sus propios límites y ciclos una y otra vez. Cuando el cuerpo y la psique se revelan a través de un síntoma, los manda a callar usando la benzodiacepina. A diferencia del primer grupo, esta adicción es funcional al orden social y el status quo, por lo tanto, la sanación tiene en ellas un matiz libertario, y más que una re-habilitación para la función social, implica a veces retroceder 2 pasos en todo lo que se ha aceptado como deber-amor a costa de la paz interior…”
Paulina Pozo.

I) Algunos datos relevantes sobre el consumo de Benzodiacepinas en Chile, España y otros países.

El uso de Psicofármacos se ha convertido en la práctica asistencial más importante en salud mental a nivel mundial, siendo ampliamente utilizados en todos los servicios de salud y configurándose como el elemento tecnológico central a partir del cual se configura el modelo biomédico dominante. Esto se refleja en el incremento continuo del consumo de psicofármacos que se viene produciendo en los países occidentales por parte de toda la población. De esta innegable problemática general, nos ocuparemos de modo especial del consumo de Benzodiacepinas, medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central, con efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes. Sus nombres comerciales más conocidos son Alprazolam, Clonazepam, Diazepam, entre otros.
Ya en la década de los ochenta y principios de los noventa, las Benzodiazepinas fueron eje de la demanda colectiva más grande de la historia contra la industria farmacéutica (King, 1992). Diferentes estudios científicos pusieron de manifiesto su potencial dependencia y los perjudiciales efectos secundarios de su uso a largo plazo, en Gran Bretaña tuvieron lugar numerosas demandas judiciales por parte de pacientes para reclamar por daños y perjuicios de los efectos nocivos derivados de la dependencia y abstinencia que producían (King, 1992).
En Chile, la automedicación, el abuso y dependencia de las benzodiazepinas se identificaron como un problema de salud pública desde la década de los 80, cuando se detectaron prevalencias alarmantes de consumo. En 1991 se publicó el estudio “Benzodiacepinas: la tranquila adicción de Santiago” (Ps. Busto), que ha sido referencia obligatoria para estudios posteriores en Chile. En él se manifiesta una prevalencia anual en el uso de psicofármacos de 31,4%, siendo mayor en mujeres que en hombres (38,9% vs 22,8%). Un 42,9% de la población había consumido alguna vez en su vida BZD y un 4,1% de los chilenos podía considerarse como dependiente, un porcentaje tres veces más alto que el promedio mundial. Además, se encontró que un 28,9% de los psicofármacos consumidos eran automedicados. (Busto, 1991). Datos como estos hicieron que en 1995 se hiciera ley en Chile el solicitar receta médica para la venta de benzodiacepinas. (Galleguillos U, 2003). Sin embargo,los datos indican que la prescripción y el consumo a largo plazo continúan altos. Pedir receta no ha sido suficiente (Galleguillos U, 2003) (SENDA, 2015). Y esto no es sólo una problemática local.
Un informe sobre utilización de medicamentos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) documenta algo similar: un gran incremento en el uso de fármacos ansiolíticos e hipnóticos entre 2000 y 2012. La receta de este grupo medicamentoso ha aumentado un 57,8%. La mayor variación se produce en los años 2008 y 2011, justo cuando comienza la crisis económica española. (AEMPS, 2014)
En estos estudios y en otros posteriores, se ha encontrado una alta tasa de automedicación, posterior a una indicación médica inicial, la que en un 60% de los casos no indicaba una duración clara del tratamiento y era dada por médicos generales sin especialización en salud mental (Rodriguez, 2018). Luego de esta primera prescripción de duración “indefinida” el consumo se mantenía por más de un año, diario, en un alto porcentaje de los casos, a pesar de que el uso terapéutico de Benzodiacepinas está recomendado por cortos períodos de tiempo, idealmente 3 meses, luego de lo cual sus efectos secundarios negativos se potencializan.
Estos datos configuran un problema de salud mental nacional e internacional: Prescripción masiva de medicación ansiolítica, consumida, en general, por plazos mayores a los descritos como seguros, generando con esto adicciones, para las cuales casi no se ofrece tratamiento alguno.

II. Benzodiacepinas, Género y Edad: ¡Psicofármacos para las viejas!

En los estudios mencionados, se ha observado que las mujeres tienen (al menos) el doble de probabilidades de que se les prescriban BZD y el doble (al menos) de probabilidades de desarrollar una dependencia al fármaco. Estos datos se han repetido en estudios realizados en Chile, España y Estados Unidos. (Cooperstock, 1976) (Ashton, Psychotropic-drug prescribing for women, 1991) (Galleguillos U, 2003). (Rodríguez, 2018) (APA, 1990). Otro resultado trasversal es que la edad también fue un factor significativo, siendo los adultos mayores los más consumidores (Busto UE, 1996). Esto se vuelve especialmente problemático al considerar que una de las consecuencias más documentadas en la literatura científica del consumo prolongado de estos fármacos es el deterioro de la memoria.

III. El Malestar Psíquico en la Medicina Alopática

El proceso de prescripción de benzodiacepinas comienza a menudo con alguna sintomatología aguda, que la persona no logra “controlar” y que le genera disfunciones en su vida cotidiana. En general, estos síntomas implican diversos niveles de ansiedad (desde “inquietud y nerviosismo”, estrés, hasta crisis de pánico), trastornos del sueño y del ánimo, dentro o fuera de un cuadro diagnóstico mayor. Dichos síntomas son considerados un problema a eliminar por la medicina convencional, y, en la mayoría de los casos, por los/as personas que los experimentan. En la lógica médica en la cual casi todos/as hemos sido educados, el síntoma es una molestia que debe ser eliminada a fin de restablecer la salud, la que se asocia a su vez con rápido bienestar, productividad y funcionalidad social. Aunque su técnica es excelente, desde mi perspectiva (y la de muchos otros) la medicina alopática está enferma de significado. Carece de un marco nosológico que le permita comprender que es aquello que está observando, más allá de la mera descripción funcional. Tomemos, como ejemplo, la definición del DSM IV (Manual de Diagnóstico Psiquiátrico) de “Crisis de Pánico”, uno de los diagnósticos más asociados a las benzodiacepinas:
“…un ataque de pánico (o crisis de angustia) consiste en la aparición temporal de intenso temor, aprensión, terror o malestar que va acompañado habitualmente de una sensación de riesgo o catástrofe inminente y de un impulso a escapar y 4 o más de los 13 síntomas que siguen aparecen de pronto y alcanzan su máximo en un periodo breve (sobre 10 minutos o menos): Palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado; Sudoración; Temblores o sacudidas; Sensaciones de falta de aire o bien ahogo; Sensación de atragantamiento; Dolor o malestar en el pecho; Náuseas y/o malestar abdominal; Sensación de mareo, de inestabilidad o de desmayo; Desrealización o bien despersonalización; Temor a perder el control o bien a volverse loco; Temor a morir; Parestesias (entumecimiento o bien sensaciones de hormigueo); Rachas de calor o escalofríos.”
¿Qué se nos dice exactamente? Se describe, con un lenguaje técnico, lo que ya sabía el/la paciente. La misma lista de síntomas, físicos, emocionales y hasta existenciales (temor a la muerte), que ocurren durante un determinado tiempo, es nombrada por el médico como una patología en sí misma, que puede ser medicada para su solución. Sobre el sentido del cuadro, nada sabemos. Quizás algo del “porque” (etiología física o emocional) pero nada del “para que”, es decir, del sentido de este grupo de síntomas como camino de crecimiento personal.
T. Dethlefsen, en su clásico libro “La Enfermedad como Camino”, señala: “La medicina moderna no falla por falta de posibilidades de actuación sino por el concepto sobre el que —a menudo implícita e irreflexivamente— basa su actuación. La medicina falla por su filosofía o, más exactamente, por su falta de filosofía. Hasta ahora, la actuación de la medicina responde sólo a criterios de funcionalidad y eficacia; la falta de un fondo le ha valido el calificativo de «inhumana».” (p.2)
Esta visión parcial está a la base de la prescripción fácil y rápida de benzodiacepinas frente a síntomas-puerta, que, desde otras miradas más humanistas, estaban destinados a convertirse en camino. En la lógica psiquiátrica, fueron barridos bajo la alfombra. Pero la alfombra siempre vuelve a levantarse… y quienes más barren la casa, suelen ser ellas.
Este sistema biomédico, con las características ya descritas, concibe a la mujer como “productora” y débil en sí misma, implicándola en una relación de poder (la relación médico-paciente) que, desde el discurso médico, profundiza y sostiene la dependencia, despertando además asociaciones inconscientes con la figura del padre, que reactivan los complejos de la mujer en relación a la autoridad masculina. (esto mismo, conscientemente trabajado, puede ser muy reparador…)
La jerarquía médica “toma el control” de los procesos corporales femeninos, los nombra y diagnóstica, en un proceso contradictorio de adormecer los síntomas y profundizar el desempoderamiento. (Este tema está trabajado de diversas maneras por las autoras Pabla Pérez San Martín, Miranda Grey, Clarissa Pinkola, Casilda Rodrigañez, entre otras.)

IV. BZD y el Mal-Estar-Ser Femenino

Coincidentemente, los síntomas asociados a la prescripción de benzodiacepinas son mucho más frecuentes en mujeres: ansiedad, insomnio y depresión, los cuales se han relacionado en diversos estudios con la sobre adaptación que realizan las mujeres a sus actuales condiciones de vida, basadas en el estrés, el conflicto y la desvalorización de los trabajos asociados al género femenino. (Burin, 1990) (Ettorre E. , 2007).
Desde la entrada masiva de la mujer al mundo laboral remunerado en las últimas décadas, ha tomado fuerza la imagen de la “Mujer Multitask”, capaz de trabajar como sino criara y de criar como si no trabajara. Bonita y joven, con relaciones interpersonales satisfactorias. Profesional exitosa que rinde como sino menstruara, productiva y competitiva.
“Las mujeres llegan a la consulta médica y/o psicológica a causa de lo que podemos llamar “trastornos de su vida cotidiana”, con expresiones diversas de malestar vinculadas a sus condiciones de existencia, estas condiciones adquieren historicidad si reconocemos las condiciones sociales que las producen. En cambio, el modelo biomédico basado en la enfermedad es incapaz de reconocer esta historicidad, identificando el malestar como una alteración solamente psíquica u orgánica que necesita medicarse para recuperar la supuesta “normalidad” (…) convirtiéndose en un instrumento de adaptación del malestar femenino a sus condiciones de vida…” (Rodríguez, 2018)
Así, este consumo prolongado no ofrece una curación verdadera, y, además, a través de la “fuerza de aguante extra” que entrega la benzodiacepina, mantiene y cronifica las condiciones de vida que originan el malestar, promoviendo así la dependencia y la adicción a esta muleta, este “soporte”, que calmará los afectos cuestionadores y desbordantes. Un consuelo bioquímico, una canción de cuna para la niña que sufre las consecuencias de una realidad vital que pide a gritos ser reconocida primero y transformada después. La Benzodiacepina, en este contexto, es un falso arrullo materno, una contención que no existe y que adormece el desarrollo de la Mujer Psíquicamente Adulta, capaz de transformar el curso de su vida.

V. Aceptando el Desafío: Nuestra comprensión y Propuesta

En el contexto descrito, considero que de la psiquiatría convencional es poco lo que podemos esperar para el tratamiento de la Adicción a Benzodiacepinas. Primero, porque no considera el contexto sociocultural en que esto se origina ni el papel de los roles de género en la génesis del consumo, y segundo, porque la psiquiatría, en general, trata otras adicciones, (durante el síndrome de abstinencia y a veces de modo permanente) sustituyendo la droga problemática por otra menos conflictiva…. Adivinen cual.
Para cualquier abordaje efectivo de este problema debemos incorporar a la díada sujeto-droga, el elemento “Contexto”, formando así una tríada “Sujeto-droga-contexto” cuyas relaciones deben estudiarse y abordarse en un proceso de cura. (Referencia extraída del Modelo de Tratamiento del Centro Takiwasi, www.takiwasi.org).
Al incorporar el contexto que rodea y sostiene el consumo, veremos que es diferente al masculino (hombre adicto a droga ilegal), por las razones ya mencionadas, mostrándose como desafío el cultivo de la relación armoniosa de la psique femenina con los múltiples roles en los que la mujer se desempeña, trabajando las expectativas, aclarando los imposibles y restaurando el respeto a la propia naturaleza interna femenina, es decir, reparando La Ley Transgredida en esta adicción, la cual, desde siempre y por definición, es cíclica, e implica períodos de descenso, descanso y pausa. Estos lugares internos no son un lujo, no son optativos, no se cubren con vacaciones 15 o 20 días en un año y cualquier psicología femenina que busque acompañar a la mujer hacia su plenitud, debe considerarlos.
La alternativa al tratamiento psiquiátrico de la mujer con benzodiacepinas es plantearnos una remodelación de nuestro ser-estar femenino de acuerdo a nuestras verdaderas necesidades y posibilidades actuales. En un tratamiento con estas bases, el Síntoma es una Voz Interior que nos invita a rectificar el camino. Esta voz, cuando la vamos escuchando, deja de gritar…
El tipo de síntomas asociados a esta adicción, responden a una necesidad imperiosa de bajar el ritmo, detenerse, quitar el piloto automático de nuestra vida y observar. A veces, deberemos renunciar a la imagen de superwoman, siempre eficiente y multitask, imagen gratificante para el ego, pero carísima y dolorosa para el Ser Esencial. Otras veces, deberemos hacernos madre de nuestra propia niña herida… y muchas veces, ambas cosas.
La Mujer, principal usuaria y adicta a los psicofármacos a nivel mundial, cuenta naturalmente con una poderosa voz interior, que se expresa a través de los ciclos de su cuerpo y su mente, y al estar conectada con ellos, le permite renovarse y rectificar sin necesidad de llegar a la enfermedad. Pero hoy, para la gran mayoría este camino está cerrado. No lo conocen. No hay referentes. Hemos olvidado.
El Mal(ser)estar femenino es, ante todo, un olvido. Un olvido de Sí Misma. La curación, por lo tanto, es Recordar, Recordarse completa, restaurar las conexiones internas y desde ahí, volver a unirse: con otros/as, con lo Divino, consigo misma. La mujer que escucha su voz interior y se guía por ella, se vincula sin dependencias. Ni de fármacos, ni de parejas, ni de terapeutas. La propuesta de abordaje que planteo se basa en las comprensiones ya descritas, en mis 10 años de experiencia profesional y en mi camino personal, producto del cual adscribo a la Perspectiva Humanista Transpersonal de la psicología y discierno como verdadera la antropología en la cual se basa: El Ser Humano como bueno y completo en sí mismo, pleno de posibilidades y recursos, con un espacio de libertad interior recuperable aún en las circunstancias más adversas. Esta profundidad de la mirada, incluye y dialoga con el estrato de los diagnósticos clínicos y psiquiátricos, siendo capaz de moverse entre la efectividad clínica y la comprensión profunda, apuntando a “las diversas profundidades del lenguaje” según sea necesario.
Desde aquí, las crisis son escenarios de transformación y despliegue, que, adecuadamente acompañadas, actúan como Ritos de Paso, es decir, como una dificultad vital que puede tener un sentido trascendente, y que permite entrar en una versión más completa de mi misma, desde esta situación objetivamente dura y dolorosa. Propongo una Interpretación Iniciática del Sufrimiento Psíquico y la Psicopatología: podemos decidir conscientemente, bien acompañadas, transitar el proceso -que dio origen a la medicación- como una oportunidad para la integración de nuestras sombras personales, lidiando de maneras creativas, maduras y hasta divertidas con aspectos dolorosos, heridos y sombríos de nosotras mismas, caminando hacia una versión más completa y real de ti misma.

Retirada del Psicofármaco y proceso terapéutico:

El retirar el psicofármaco implicará estar dispuesta a mirar bajo la alfombra. Dejar de evadir es parte de la curación. Miraremos juntas, pero mirarás. No ofrezco pasar de una muleta a otra. El objetivo general es una actualización de las estructuras psicoemocionales y mentales en el siguiente orden de eventos: toma de conciencia, aceptación y automaternaje, investigación del contenido y la estructura psíquica, desidentificación de la misma., posterior transformación hacia nuevas formas. En la mayoría de los casos, el fármaco ya no será necesario. Eliminar el consumo es un objetivo que abordamos y cumplimos, pero no el fin último del proceso. El consumo del psicofármaco es en realidad, un síntoma a ser abordado dentro de una dinámica mayor, relacionada con un olvido de ti misma, tus necesidades auténticas, límites, ciclos y talentos.

Programa terapéutico en detalle:

El programa tiene una duración de 4 meses, y ofrece un conjunto de prestaciones de diversos profesionales que cubren de manera integral todas las áreas a considerar en un proceso de deshabituación de Benzodiacepinas.

VER Y BAJAR PROGRAMA

Algunas consideraciones finales:

-En algunos casos, se logra la retirada total de la Benzodiacepina, en otros casos, será una disminución del consumo. En cualquier caso, es poco serio e inexperto prometer anticipadamente la retirada total de un psicofármaco, ya que esto dependerá de la evaluación personalizada de cada caso y de cómo la mujer vaya reaccionando a la retirada paulatina de la benzodiacepina durante el proceso mismo, lo que depende a su vez del tiempo de consumo, las dosis, la interacción con otros fármacos, etc. Si bien hay factores generales que facilitan o enlentecen este objetivo, la velocidad definitiva con que este proceso ocurre es totalmente individual.
- ¿Por qué 4 meses? En mi experiencia, es un plazo por el cual las personas están dispuestas a comprometerse con firmeza en un proceso y al mismo tiempo, es suficiente para alcanzar una profundidad psicoterapéutica efectiva. Al finalizar el período de 4 meses, evaluaremos juntas los logros obtenidos, decidiendo si cerramos el proceso, continuamos por un período más de duración mutuamente acordada, continuamos pasado unos meses, etc. Todas estas posibilidades se evaluarán de manera conjunta.
-Sobre dejar otros psicofármacos en caso de policonsumo: En un tercer grupo de mujeres, este proceso inicial ha hecho posible dejar posteriormente otros psicofármacos. Esto no siempre es factible ni deseable en sí mismo, y requiere evaluación y acompañamiento profesional.
Si resuenas con esta propuesta y deseas regalarte esta oportunidad, agenda una sesión de claridad gratuita conmigo en el siguiente enlace:

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